

Bajamos del bus que nos trajo desde Roma justo
delante del Duomo. Y no pude hacer otra cosa que quedarme boquiabierto....Todo
el esplendor del Renacimiento estaba allí ,ante mis ojos...El guía reclamaba
nuestra atención para indicarnos que nos agrupáramos a su lado para comenzar la
visita...para ello sacó y abrió un paraguas multicolor y nos hizo hincapié en
que no lo perdiéramos de vista...
Entonces vi a Marco...Aún no sabía que se llamaba así ...él estaba curioseando
distraídamente ...Seguro que pensando .-¡Cada vez más turistas! ,con la resignación
del que está acostumbrado a verlos a diario.
Entonces nos miramos...El tendría 40 años ,1.80 de
estatura y estaba un poco grueso..unos 95 kg, vaquero y camisa de manga corta .Al mirarme supe que él se
había dado cuenta de la forma en que yo lo había mirado y una sonrisa franca y
abierta surgió en sus labios enmarcados por una barba entrecana.
Vino hacia mi directamente y dijo sin dejar de sonreir ..."Io sono Marco"..

Las guías turísticas suelen comparar a la Florencia renacentista con la Atenas
del siglo V; sin embargo, mientras del antiguo esplendor griego sólo quedan
ruinas espectaculares, Florencia es mucho más que un museo de piedra, mármol y
bronce. Sus históricos palacios, sus grandes iglesias y sus innumerables obras
de arte no son reliquias polvorientas. Esta ciudad sorprendente puede
literalmente llegar a producir dolor de cuello al que deambula por sus calles y
encuentra tanto a donde mirar simultáneamente y a diferentes niveles: una hilera
de escaparates, un patio entrevisto desde el portal de un palazzo, un blasón de
piedra desgastado por el tiempo, una placa conmemorativa, cadenas seculares de
hierro enmohecido, viejas esculturas de portadores de antorchas y, arriba,
rematando todo ello, las masas de piedra de los palazzi, desde fortalezas
medievales y mansiones renacentistas hasta ornamentados edificios del siglo XVII
con nombres de resonancia histórica como Acciaiuoli, Rucellai, Strozzi, Pazzi,
Salviati o Médicis.

Pero en las guías turísticas no figuraba Marco....
El español y el italiano son lenguas latinas muy similares así que después de
presentarme y de sonreír supe que Marco deseaba ser mi guía particular....Me
gustaba demasiado como para decir que no a una oferta tan tentadora...Me separé
del grupo y con el pretexto de haber encontrado a un amigo me despedí de ellos
diciéndoles que nos encontraríamos a la noche en el hotel.
Marco me llevo con él primero a un café a tomar un capuccino. Me miró de nuevo y
me tomó de las manos para decirme "Tu mi piazze moltissimo....¿vorrei essere il
mio ragazzo oggi?...Sin vacilar asentí.
En Florencia nadie tiene la impresión de que se haya detenido el tiempo. La
animación del centro, su tráfico -ruidoso y sofocante pese a las restricciones
impuestas- son inconfundiblemente del siglo en que vivimos. Y, sin embargo, casi
todas las calles principales son estrechas y tienen el empedrado irregular de
antaño; los palazzi han cambiado poco y las voces que se oyen -melodiosas o
ásperas pero siempre con el inconfundible acento florentino- tendrían todavía un
sonido familiar para Dante o Miguel Ángel.

Vimos el Duomo y después me llevo a la Piazza de la Signoría..Allí tomé algunas
fotos que traje para el club y me quedé asombrado de las esculturas que hay en
plena calle. Marco me miraba sin dejar de sonreír.
Estaba atardeciendo y Marco me dijo que teníamos que ver el río Arno a esa hora
de la tarde...y que luego iríamos a una trattoria a cenar.

Por el centro de la ciudad pasa el río Arno, verde y fangoso, bordeado de los
anchos lungarni, o muelles, que se construyeron en el siglo pasado para evitar
inundaciones. A caballo sobre el río está el Ponte Vecchio, uno de los más
antiguos e insólitos del mundo, conocido desde el siglo XVI por sus tiendas de
joyeros.

Las últimas luces del día se apagaban cuando Marco me besó...Noté sus manos en
mi espalda y su beso largo y cálido me llenó de excitación...unos niños gritaban
y jugaban en la calle y aunque nos vieron ,no dijeron nada...Lámore e simplice...
Cenamos antipasto , gnoquis de patata y unos escalopines al "burro e limone".El
vino me supo a gloria, incluso bebí algo más de lo normal por lo que cuando me
invitó
a ir a su casa acepté encantado...No cabía duda alguna, Marco me gustaba a
rabiar...Allí nos desnudamos despacio y nos descubrimos tocándonos como dos
ciegos y la noche florentina nos cubrió con aromas de sexo y de complicidad...
Nos despertamos temprano y tras una ducha y algunos juegos eróticos bajamos a
desayunar "caffè e panetonne".Llamé por teléfono a mi hotel para decir que me
quedaría con mi amigo hasta la tarde ,hora en la que de nuevo tomaría el bus.
Después de escuchar más de treinta veces...¡Acuérdate que a las 5 nos
vamos!..¡Contigo o sin tí!...y de jurar que estaría en punto nos fuimos a
vagabundear por la ciudad...Estuvimos en un mercadillo artesanal muy interesante
y Marco me explicó que la tradición artesanal es un aspecto fascinante de la
vida de Florencia , es reveladora del genio de la ciudad para combinar lo bello
con lo práctico. Cada distrito tiene sus artesanos: cordeleros, encuadernadores,
bordadores, herreros.
Luego me llevó al museo Ufizzi y a Santa María Novella.


¿Como es un florentino ,pregunté?
Se quedó pensativo un momento y respondió sonriendo...
Trabajador, ingenioso, agudo de expresión, son
las cualidades que siguen caracterizando al florentino. Y completando todo ello,
un sentido innato de la dignidad, una elegancia sobria, un orgullo soberano por
su Florencia natal y un poder de adaptación ante la adversidad que sólo se
encuentra en los pueblos acostumbrados a enfrentarse con ella.
Me contó la inundación de 1966....Una noche, engrosado por lluvias torrenciales,
el Arno rebasó los muelles arrastrando todo a su paso. En algunas partes de la
ciudad, el agua alcanzó una altura de 7 metros. Centenares de cuadros, frescos y
esculturas, y más de un millón de valiosísimos libros, sufrieron daños
incalculables. El pueblo de Florencia no se dejó amilanar. Incluso antes de que
las aguas bajaran, se inició el cuidadoso salvamento de las obras de arte de la
ciudad e inmediatamente se emprendió su restauración, difícil y larga tarea que
todavía no ha terminado.

Pero ya está bien de arte....me tomó de la mano y me llevó a una
pizzería..."Quiero estar un poco más contigo antes de que te vayas".
"Due quattro fromaggi una birra e una pepsi" .Comimos despacio y volvimos a su
casa cuando eran casi las tres...la cama estaba aún revuelta y nos dejamos caer
abrazados...una vez desnudos ,acaricié el suave pecho de Marco y recorrí su
cuerpo con dulces besos.,bajando..bajando.
¿Fue una hora o un segundo?...el caso es que tuvimos que correr para llegar al
bus a tiempo...Al despedirnos me miró a los ojos y me dijo..
"Ti amo e ti aspettaré"...luego me abrazó..Cuando arrancó el bus le vi agitando
la mano despidiéndome mientras que yo me hacía la firme promesa de volver a
Florencia al mes siguiente pero solo, sin excursiones ,sin compromisos...solo y
a casa de Marco.
Nunca pensé que me impresionaría un italiano, un florentino ...¡qué equivocado
estaba!.
Es un relato imaginario pero seguramente os ayudará a conocer algo de Florencia y de los florentinos.
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